Como el hijo que visita a su papá en casa un domingo cualquiera, se presentó Cruz Azul este domingo en el Estadio Azteca para jugar fente al América con la racha de 15 partidos sin vencer a su odiado rival, y eso fue como cargar una tonelada de cemento sobre su espalda.

El cuadro de Coapa recibió a su pequeño con los brazos abiertos gracias a esa confianza que le otorgaron los duelos sin derrota ante La Máquina y el hecho de que si se atreve a hacer travesuras será castigado ejemplarmente.

Debido a esa historia que comenzó en el 2003, los aficionados celestes se han cansado de tantas decepciones y por ello acudieron en menor número al Coloso de Santa Úrsula. De hecho, el inmueble presentó una entrada regular para un duelo de esta categoría pues apenas se ocuparon alrededor de 60 mil asientos, un poco más de la mitad del aforo.

Los precios de las localidades, que fueron entre los 200 y 400 pesos, también resultaron un factor para que no se poblaran las tribunas del Azteca en mayor cantidad como en otras ocasiones cuando se enfrentaban estos equipos de tanta tradición en el futbol mexicano.

Más seguros de gozar un resultado positivo, los seguidores de las Águilas sí se hicieron sentir en las gradas y opacaron sin menor problema a los cementeros que por más corazón y pulmón que le ponían para notarse con sus cánticos, simplemente se perdían entre el masivo apoyo azulcrema.

Eso de ir a casa de papá no resulta nada agradable para quien sólo recibe malos tratos y se marcha después con la tristeza de irse regañado y sin ganas de volver a verlo por la misma circunstancia.

Pero bueno, La Máquina siempre tendrá la esperanza de que en algún momento se acabará la maldición que tiene con el América y pueda volver a sonreír cuando termine un partido entre ellos.

Anuncios