América no pudo vencer a Manchester City porque erró en la tanda de penales. El equipo dirigido por Manuel Lapuente igualó el marcador  1-1 en el tiempo regular, pero a la hora de definir al ganador absoluto, las Águilas mostraron sus carencias para cobrar la pena máxima.

Sólo Pável Pardo pudo demostrar su clase y temple, cobró con fuerza al centro, dejando sin oportunidad al arquero; Aquivaldo falló porque su disparo fue endeble y “Rolfi” porque dudó después de haber tomado demasiado vuelo.

Por parte de Manchester City nadie falló, todos cobraron con soltura y finura, y así se llevaron el triunfo ante los de Coapa.

En el tiempo regular los ingleses no fueron feroces, dibujaron su juego con cierta calma, mientras que América trató de mostrar su mejor cara con un Vicente Sánchez que de a poco trata de adaptarse a las exigencias del Club.

Pero ninguno de los equipos pudo hacer valer su jerarquía, Manchester se encontró el gol por la vía del penal, por una falta de Mosquera, y América tras una buena jugada de Pável con Esqueda.

Al final los de Coapa se regresaron con una segunda derrota en lo que va de la semana, sólo que está con sello internacional. Manchester City en los penales obtuvo el triunfo, pero lo hizo sin festejar de más, porque hacerlo hubiera sido como celebrar un fusilamiento.

EL PARTIDO

Con el dolor de la derrota impregnado en la piel, América se presentó en el Georgia Dome para hacer valer su prestigio y medirse frente a uno de los equipos más importantes de la liga inglesa: el Manchester City.

El cuadro de Coapa se olvidó del torneo local para hacer valer su nombre, para demostrar que las distancias se han acortado entre las ligas del mundo. Así, con una delantera de sumo peligro, con Vuoso, Rolfi y Vicente Sánchez el equipo de Coapa trató de echar a su terreno al cuadro inglés, pero no tuvo la respuesta que esperaba.

Manchester pronto manejó el balón a su merced y con un disparo de Adam Johnson le pidió respeto a los americanistas; el cuadro de Lapuente terminó por resignarse, por aceptar que no serían los amos del juego. Sin apretar de más los ingleses mantuvieron a las Águilas lejos del marco custodiado por Hart.

Tuvieron que pasar 27 minutos para que los mexicanos llegaran con verdadero peligro. Montenegro encontró un balón en los linderos del área que aprovechó para prender a ras de césped, la redonda se estrelló en el poste derecho.

Pero la suerte parece no ser para los que la buscan sino para los que la trabajan y el Manchester encontró un penal, un tanto dudoso, cometido por Aquivaldo Mosquera; el colombiano le hizo una falta a Adam Johnson y el de negro no dudó.

Después Emmanuel Adebayor cobró desde los once pasas, a la derecha del arquero y con mucha fuerza, Ochoa nada pudo hacer, había sido engañado, se lanzó para el otro costado.

Para el segundo tiempo Manchester City decidió hacer siete cambios, América sólo ingresó a Esqueda y sacó a Layún; la continuidad le dio fuerza a los de Coapa y así el cuadro de Lapuente se encontró con el empate. Esqueda recibió un balón de Pardo, el americanista dentro del área sacó un disparo potente, pegado al segundo poste del arquero.

Treinta minutos más tarde las Águilas se pusieron en la antesala del triunfo, pero cuando el disparo salió de las piernas de Rolfi, el balón se negó a entrar, reventando así el poste izquierdo.

La continuidad terminó siendo enemigo de los americanistas, las piernas comenzaron a cansarse y Manchester se aprovechó cuando al 85, en una jugada a velocidad, Adebayor sacó un disparo que Ochoa no pudo detener, pero que terminó pegando en el travesaño.

El tiempo regular terminó cediendo su lugar para los tiros de pena máxima, pues era necesario definir un ganador. Ahí Manchester fue implacable, anotó Adebayor, Jo, Wiess y Viera, mientras que por América sólo Pável anotó, pues Aquivaldo y Montenegro fallaron.

ARBITRAJE

Mark Geiger. Bien aunque se vio un tanto rigorista al marcar la pena máxima de Aquivaldo Mosquera sobre Johnson; sin embargo, al ser un duelo amistoso no fue tan requerido, pues los jugadores supieron comportarse a la altura, sin cometer faltas con rudeza innecesaria.

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